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Hoy, relato corto. "Vacaciones".

Actualizado: abr 28

Cuando se aproximan unas vacaciones y estamos muy, muy cansados, podemos desear ¡no hacer nada!, pero cuidado, no se puede ser literal. Los protagonistas de este relato lo saben bien.



VACACIONES.


Ella, aunque estaba deseando salir de la ciudad y desconectar del mundo laboral, no se enfrentó a él en ningún momento. Al principio, cuando él le habló de lo que quería hacer en vacaciones, creyó que bromeaba. Pretendía hacer un experimento, quedarse en casa y ver cuánto tiempo aguantaban haciendo nada. “¿Qué significaba eso de hacer nada?”, fue lo primero que le preguntó, conocía perfectamente a su marido y sabía que ese hacer nada escondía alguna idea más o menos estrafalaria.


–Supón –contestó rápidamente– que la casa es una isla. No tenemos luz. Hay un río, el agua del grifo, solo para beber. Los muebles son como las montañas, piedras, árboles, etc, no puedes coger nada de ellos, en principio. Por supuesto, no puedes salir de la isla ni darte un baño, el agua está llena de medusas venenosas.


Se le quedó mirando y murmuró “Estás como una cabra”.


El continuó insistiendo en su proyecto y ella empezó a idear como echarlo por tierra:


–El inodoro, ¿se puede utilizar o no?


–No queda otro remedio. Al fin y al cabo, esto es un piso y tenemos vecinos.

–Y dormir. ¿En el suelo o en la cama?


–En la cama, pero no vale hacerla.


–Veo que no renuncias a todo. ¿Para qué quieres hacer el experimento sino vas a por todas?


–Mujer. Reconoce que hay que hacer alguna concesión.


–No sé yo… –con esto terminó la conversación.


Falta un día para las vacaciones y siguen igual:


–¿Has pensado en la comida? –pregunta ella.


–Solucionado. Nos la suben del bar de la esquina. Lo que cocinen, sin que sepamos qué.


Lo tenía todo pensado. A ella le quedó claro que estaba decidido a pasar las vacaciones haciendo literalmente nada.


Al día siguiente cuando él llego a la casa ella estaba haciendo la maleta. La miró asombrado pero ella le dio un beso y le dijo


–Cariño, me parece perfecto que hagas tu experimento, pero yo quiero hacer otro.


Quiero ver cuánto tiempo aguanto paseando por la playa, leyendo tumbada al sol, charlando con amigos, sin pensar para nada en el trabajo. Luego podemos comparar el resultado de nuestros experimentos.


La vio marchar desde la ventana decidido a llevar a cabo su idea.


Tres días después se sentía tan sucio que no se atrevía a tumbarse en el sofá, convencido de que lo dejaría con mal olor. Estaba harto de comer cosas que no le apetecían lo más mínimo y aburrido de estar mano sobre mano. Se sentía terriblemente infeliz y, al contrario de lo que esperaba, estresado. No entendía cómo había pensado que su idea le serviría para relajarse.


Se dio cuenta que no hacía otra cosa que mirar por la ventana con ganas de estar al otro lado de la calle, rascándose la barriga hasta dejársela roja. Comprendió que su experimento había llegado a su fin. Su idea era absurda y continuar así una estupidez.


Limpió la casa y cuando el agua de la ducha cayó sobre su cuerpo se puso a cantar a pleno pulmón. Mañana estaría en la playa paseando con su mujer y sintiendo el sol en la piel.


Cuando llegó, ella le sonrió y le abrazo con fuerza.




Lola Miralles – 11/03/2019 – Taller de relatos
EL ARCO ARTESANÍA.

#vacaciones

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